Hace un tiempo que vengo leyendo y escuchando opiniones despectivas respecto al marketing. A menudo me encuentro con la frase “es una operación de puro marketing”, referida a una operación sin fondo, sin realidad, que es pura fachada o de cartón piedra, de mentirijilla… En definitiva, una operación irreal.

También me topo con la simple idea de “es puro marketing”, en relación a aquello que carece de contenido, es farfolla, pura apariencia, sin trasunto, fondo o realidad palpable: si la hubiere, sería decepcionante.

Ante los vendedores de humo, vendedores de motos y vendedores de burras, los profesionales de marketing debemos defendernos. Los vendedores de los antedichos vaporosos, humeantes y/o équidos productos ya tendrán, quiero creer, quién les defienda su sindicalizada pluma. Me limito, pues, a defender el buen nombre del marketing y sus profesionales en esta ocasión.

El marketing, mercadeo o mercadotecnia es un conjunto de técnicas, científicas en su esencia, orientadas a adecuar la oferta a la demanda, estimulando la demanda de personas y/o empresas o instituciones que, inteligentes, gastan o invierten lo que quieren, sin que nadie les obligue o condicione, en el ejercicio de su libre albedrío.

El principio de partida es que el consumidor es inteligente, y con el marketing y las técnicas comerciales varias se trata de persuadir, como también trata de hacerlo la competencia. Pero la inteligencia rechaza la oferta o la acepta o la matiza y esto lleva a negociar.

Cuando hablo de técnicas científicas, quiero decir: conocer el derecho y el marco normativo, la sociología (para calibrar la demanda, conocer las necesidades, motivacio