Las normas – y la ética – limitan el uso que se puede hacer de los datos generados por los niños, pero las apps siguen recabando información.

Solo hace falta observar lo que ocurre en un lugar en el que haya bastante gente – algo más complicado ahora, cierto – para comprender cómo los niños se han convertido en usuarios activos de la red. No es raro verlos con un smartphone, consumiendo vídeos de YouTube y usando aplicaciones específicas para los más pequeños. Las apps infantiles cubren áreas de educación y entretenimiento y son muy populares, pero ¿qué ocurre con ellas en términos de publicidad y recogida de datos?

La cuestión es una que preocupa a padres, educadores, autoridades y voces de la industria del marketing y la publicidad desde hace ya bastante tiempo. Los datos de los niños deben ser protegidos en términos de privacidad de un modo mucho más exigente que los de los adultos, aunque la infraestructura de la red y el modo en el que se recopila información hace que no siempre sea posible.

Al fin y al cabo, muchas de esas aplicaciones se usan en los teléfonos de sus padres y los datos fluyen en ese entorno. Además, en ocasiones, son las propias apps las que recaban información de un modo directo.

Lo que enseñó el caso YouTube

De hecho, este fue uno de los grandes puntos de escándalo a los que se enfrentó YouTube cuando lanzó su servicio para niños. YouTube Kids se presentó como una app específica, perfilada para llegar a los niños con contenidos pensados para ellos. Así, se limitaba el que los más pequeños pudi