Si algo nos han machacado los analistas y expertos y han ido demostrando los casos de éxito es que, para poder triunfar con la estrategia de marketing en estos tiempos, se necesita tener una buena base de información detrás. ¡Los datos son el petróleo del siglo XXI! Es una de esas frases ya hechas que se repiten de forma recurrente y que se han convertido en un lugar común. Lo ha hecho porque parte de una base real, de algo que las compañías necesitan cada vez más para poder conectar con sus clientes.

La información permite conocer mejor cómo opera el mercado, qué interesa a los clientes y cuáles son las piezas clave que marcan la agenda. Gracias a los datos, las compañías logran crear una estrategia más eficiente y posicionarse de un modo mucho más sólido. Pero el valor de la información y su poder no deben hacernos perder de vista otro punto clave y crucial, el de que no todos los datos son exactamente iguales y que no toda la información tiene el mismo valor.

A la hora de recabar información, no siempre se consiguen los datos más valiosos. No solo los consumidores mienten, sino que a veces se recolectan datos que son poco importantes, redundantes o que aportan escaso valor a la estrategia de big data. La información se convierte así en una especie de lastre, porque no ayuda a llegar a nada importante.

Por tanto, la estrategia de marketing y su relación con los datos no solo obligan a recopilar información, sino también a hacerlo con datos de calidad.

Y ese punto se ha convertido en un elemento cada vez más determinante en la toma de decisiones de las empresas. Como acaba de demostrar un estudio de